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Almas que Vela entre Luz y Sombra

La hora azul derrama su manto sobre Cuetzalan, y la iglesia se enciende como una plegaria de oro antiguo. Su luz, cálida, acaricia la piedra y dialoga con el crepúsculo que se tiñe de un azul profundo y melancólico. A sus pies, las tumbas reposan en silencio, testigos de un tiempo suspendido entre lo eterno y lo efímero. Y a través de la lentitud deliberada de la imagen, las figuras humanas se desdibujan en su caminar, convirtiéndose no en personas, sino en almas en tránsito, en suspiros de presencia que fluyen por el atrio. Es el instante en que el día no se ha ido y la noche no ha llegado, donde la memoria de los que partieron y el paso de los que van se funden en una sola estela de luz, sombra y quietud solemne.