Durante una noche de campamento en la Reserva del Pinacate, en pleno desierto de Sonora, avancé en completa oscuridad con una lámpara en la cabeza y mi equipo fotográfico. Allí, entre el silencio y la arena fría, estas choyas emergieron frente a mí. Bajo la luz nocturna adquirieron una forma casi marina, como si fueran corales creciendo en el corazón del desierto buscando la vía láctea.
Corales del desierto
