Desde los senderos del Tacaná EN LA FRONTERA DE MÉXICO CON GUATEMALA, el amanecer revela al Tajumulco encendido por LOS PRIMEROS rayos del sol. A sus pies, un lago de nubes descansa y deja asomar las pequeñas montañas donde se asientan comunidades que viven al resguardo de estos colosos fronterizos. En la distancia, la ruta de volcanes de Guatemala dibuja la memoria viva de este territorio. Dos gigantes dormidos que, bajo la calma, guardan venas de magma que conectan tierras, historias y pueblos de Centroamérica.
Fantasmas del tiempo
