Esta fotografía es un recordatorio de que, por más altos que sean los edificios, nunca son lo más grande que existe. Al contemplarlos, podemos sentirnos insignificantes… pero, si ellos pudieran mirar hacia arriba, ¿cuán diminutos se sentirían frente a las estrellas y los satélites? Por eso la llamé La punta del cielo: porque lo más inmenso no está afuera, sino dentro de nosotros
la punta del cielo
