Desde Amecameca, fui testigo del Popocatépetl en plena erupción, iluminando la noche con lava y ceniza incandescente mientras la Vía Láctea se extendía silenciosa sobre él. Esta imagen captura el contraste entre la fuerza indomable de la Tierra y la serenidad del cosmos, recordándonos nuestra fragilidad y la necesidad de coexistir en armonía con la naturaleza y entre nosotros.
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